Sí. Y cuanto más se mira, más surrealista resulta el paso de Bebeto por el Sevilla. Fue uno de esos fichajes que parecían destinados a ser un acontecimiento y que, en apenas dos meses, terminaron convertidos en una pesadilla.
Bebeto, el fichaje que duró dos meses
En noviembre de 1996, el Sevilla estaba a punto de hacer uno de esos fichajes que ilusionaban a una afición entera. Bebeto, campeón del mundo con Brasil en 1994, Pichichi de la Liga 1992-93 con 29 goles y auténtico ídolo del Deportivo, regresaba a España.
Tenía 32 años y acababa de abandonar el Flamengo. El Sevilla apostó muy fuerte por él: 4,5 millones de dólares, unos 600 millones de pesetas, una auténtica barbaridad para un club que ya atravesaba graves problemas económicos.
El fichaje se cerró en Lisboa a comienzos de noviembre y Bebeto llegó a Sevilla el día 12. Al día siguiente ya era presentado. El reconocimiento médico fue satisfactorio, aunque el brasileño reconoció que tenía molestias en los abductores y que llegaba agotado después de una temporada prácticamente sin vacaciones.
La expectación era enorme. Su debut estaba señalado: 17 de noviembre, contra el Real Madrid en el Sánchez-Pizjuán.
Y allí apareció aquel Bebeto que todos recordaban.
Pero solo durante 74 minutos.
El Sevilla perdió 1-3. Mijatović marcó dos goles y Suker otro; Salva hizo el tanto sevillista. Bebeto fue sustituido en el minuto 74.
Después llegó el partido más morboso: 1 de diciembre de 1996, Sevilla-Deportivo. Bebeto se enfrentaba por primera vez a sus antiguos compañeros. Riazor le adoraba y él había pasado cuatro años maravillosos en A Coruña. Incluso había pedido perdón por adelantado si marcaba y celebraba el gol.
No marcó.
El Deportivo ganó 0-1 con gol de Corentin Martins. Bebeto volvía a quedarse sin marcar.
Y entonces comenzó a desmoronarse todo.
El problema no era únicamente deportivo. El Sevilla estaba prácticamente arruinado. En diciembre, Flamengo denunció que el club sevillano todavía debía 1,45 millones de dólares del traspaso y que dos cheques habían sido devueltos por falta de fondos. Para rematar la situación, Bebeto tampoco había cobrado sus salarios de noviembre y diciembre.
El brasileño empezó a preocuparse públicamente:
“El Sevilla no sé si va a tener condiciones para mantenerme.”
No estaba hablando de fútbol. Estaba hablando de cobrar.
En enero aparecieron además las lesiones. Una gripe, un esguince y unas molestias en el tobillo le hicieron perder varias convocatorias. El representante de Bebeto hablaba de su deseo de regresar a A Coruña y el propio Camacho reconocía que, si el club no podía mantener económicamente a un jugador, era lógico que este buscara otra salida.
El desenlace llegó el 17 de enero de 1997, apenas dos meses después de su llegada.
El Sevilla vendió a Bebeto al Vitória de Bahía por 3,5 millones de dólares. Había pagado 4,5 millones al Flamengo. Perdía un millón de dólares en una operación que apenas había durado dos meses.
Y el balance futbolístico es casi increíble:
5 partidos de Liga.
0 goles.
0 meses de adaptación.
2 meses en Sevilla.
Lo más curioso es que estamos hablando de Bebeto. No de un jugador cualquiera. El delantero que había marcado 102 goles en cuatro temporadas con el Deportivo, que había sido Pichichi, campeón de España y campeón del mundo con Brasil.
En A Coruña quedó como un mito.
En Sevilla, como una de esas historias que parecen inventadas por el fútbol.
Un campeón del mundo, un fichaje millonario, cinco partidos y ningún gol.
Y después, simplemente, desapareció.
Eso es lo fascinante del fútbol de los 90: podías fichar a una estrella mundial y, dos meses después, estar vendiéndola porque no había dinero ni para pagarla.